Navidad 2009

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December 20, 2009
Diciembre de 2009 

Queridos amigos, 

Una vez más tengo el placer de escribirles en esta temporada de Navidad. Al hacer una revisión del año que pronto terminará  y viendo con anticipación el año que se aproxima, nosotros mantenemos permanentemente el "gozo y la esperanza" por la llegada del Señor a nuestras vidas y nuestro mundo. 

Quizás más que nada, es la esperanza la que caracteriza la vida de los cristianos. Cuando encaramos la gravedad de las dificultades económicas que retan a nuestras familias durante estos meses. Por lo tanto hemos escogido no desesperarnos porque sabemos que el Señor está presente entre nosotros. Tal como el ángel le dijo a María. "No tengas miedo." 

Durante el Adviento y la Navidad, nos enfocamos en el nacimiento del Señor en la historia y en su venida al final de los tiempos, aunque percibimos su presencia hoy. Como bautizados estamos llamados a ser Cristo los unos para los otros. 

Cada vez que la Iglesia se reúne para celebrar la Eucaristía nos estamos renovando en el ministerio de la Palabra, del Sacramento y de la Caridad. Formados por la Palabra de Dios y nutridos con el Cuerpo y la Sangre del Señor. Somos enviados por el poder del Espíritu Santo a llevar la Buena Nueva a los pobres. Nuestra comunión de unos con otros y con el Señor  ofrece ánimo a los fatigados y levanta a los lastimados. En el Señor, nunca estamos solos. 

Se dice que en los tiempos de más reto las personas redescubren las cosas importantes de la vida. Principalmente entre ellas está la familia y la fe. Yo lo sé porque he escuchado entre muchos de ustedes que nuestra familia de fe  nos ha sostenido a través de la vida y en los tiempos presentes.  Yo comparto con ustedes su gratitud por su comunidad parroquial, sus sacerdotes, religiosos(as) y otros ministros pastorales los cuales son signos del amor de Dios y signos de esperanza. 

Deseo que la gracia, la luz y la paz estén con ustedes, sus familias y con sus seres queridos hoy y siempre.

Con mis mejores deseos y bendiciones.

Sinceramente,

Patrick J. McGrath
Obispo de San José